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Junio 2026
Junio 2026

Gota a gota

Sara Yebra Delgado

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria CS La Calzada. Gijón. Asturias GdT de Bioética de la semFYC

Sara Yebra Delgado

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria CS La Calzada. Gijón. Asturias GdT de Bioética de la semFYC

Este relato ha sido reconocido con una mención en el II Concurso de Relatos de AMF.

 

La humedad ambiental es lo más importante para el crecimiento de una Maranta leuconeura. Mientras paso mi dedo índice por el envés de la hoja más grande pienso si será entonces culpa del salitre que esté tan mustia. La puse en el alféizar para que tuviera más luz. Quizá la cercanía al mar no solo amenace con las gaviotas al abrir la ventana. Arranco las hojas más estropeadas con torpeza y, sin querer, corto la rama más frondosa. Definitivamente las plantas no son lo mío. Me acerco hasta el lavabo, cojo un bote de orina de los de tapa roja y lo lleno de agua del grifo. Al meter la rama, el bote se tambalea. Lo acomodo entre el gel hidroalcohólico, una caja de guantes y la clorhexidina para que no vuelque. Vaya bodegón con pintas. «A ver si echa raíces y al menos puedo regalársela a alguien». Me dan las 8:00 h regando el resto de las macetas y me siento a pasar la consulta.

Un minúsculo pelillo en un lateral. Aplaudo mentalmente. Es una suerte que para que le salgan raíces a una planta solo haya que olvidarse de que existe… Hago una foto y se la envío a mi residente. Ella sí que es una horticultora entusiasta, con conocimiento y compromiso. Yo solamente finjo entre las cuatro paredes de esta consulta intentando domesticar la naturaleza, el vacío.

No me he acordado de la Maranta en todo el mes. Estamos en la época de las infecciones respiratorias y la mañana es un ir y venir de gente con toses y varias capas de abrigo. Después de ver la foto de hoy mi residente dice que todavía le faltan algunas raíces más antes de poder plantarla…, que cuando llegue el momento lo sabré. Siguen llegando urgencias. No empujar el presente… Qué paciencia. Creo que acabará por domesticarme a mí.

Gertrudis se pone a llorar. Le acerco la caja de pañuelos y coge uno para enjugarse los ojos por debajo de las gafas. Tiene una estenosis de canal que le limita mucho la movilidad. Nos vemos con frecuencia, a veces viene a la consulta, otras tengo que acercarme a su domicilio porque los tres pisos de escaleras se le atragantan. Pero detrás de cada lágrima asoma la pérdida de su hijo. Veinte años desde que le falta, cincuenta desde que lo parió, ochenta desde que nació ella. Suena el teléfono. Es una compañera que quiere que me acerque a ver un exantema cutáneo que le genera dudas. Una práctica habitual de ida y vuelta entre nuestras dos consultas. Gertrudis aprovecha la pausa para quedarse mirando hacia la ventana…

«Escucha, cuando te caiga una hoja de esa planta del medio has de acordarte de mí y guardármela…», dice señalando la Maranta, «es que es tan guapa…». Me levanto de un salto y rodeo la mesa hasta el lavabo. «¡Mira qué casualidad! Creo que está ya justo para plantar…». Sale por la puerta encorvada, lentamente, con la Maranta leuconera tintineando en el bote de orina. Termino de escribir en la historia y voy a ver esas manchas en la piel que tanto intrigan a mi compañera.

Adelanto a Gertrudis con rapidez a mitad del pasillo. «Ay, si yo fuera tan joven como tú…». Las dos sonreímos.

Pasitos cortos. Zancadas.

AMF 2026;22(6);4031; ISSN (Papel): 1699-9029 I ISSN (Internet): 1885-2521

Cómo citar este artículo...

Yebra Delgado S. Gota a gota. AMF 2026;22(6);4031.

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