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Junio 2025
Junio 2025

La Medicina de Familia y la Universidad

DOI: 10.55783/AMF.210601

Verónica Casado Vicente

Presidenta de la Academia de Medicina de Familia de España (AMFE-semFYC)

Verónica Casado Vicente

Presidenta de la Academia de Medicina de Familia de España (AMFE-semFYC)

Es un hecho indiscutible que en los últimos 15 años se ha producido un avance de la Medicina Familiar y Comunitaria (MFyC) en los estudios de grado de las facultades de Medicina españolas. Pero no es menos indiscutible el hecho de que estamos muy lejos de muchas universidades de nuestro entorno europeo.

En algunas de nuestras facultades este avance ha sido muy tímido y en otras ha habido avances decididos y certeros que han ido de la mano de los profesores especialistas en MFyC vinculados o asociados a la universidad.

En el primer informe del observatorio de la MFyC en la universidad de la Academia de Medicina de Familia de España (AMFE) se observa que la asignatura de MFyC está implantada en el 83% de las facultades, siendo obligatoria en un 78% del total. Esta asignatura recibe múltiples denominaciones y se intitula MFyC solo en el 34% de las facultades. Cuenta con una gran variabilidad en créditos ECTS (European Credit Transfer and Accumulation System): tres en el 36% y seis en el 30% de las facultades. En algo más de la mitad de las facultades se imparte en quinto curso, y en el 32%, en sexto. En prácticamente todas las facultades de Medicina hay prácticas tuteladas (PT) o rotatorios en los centros de salud con una mediana de duración de 5 semanas, muy frecuentemente en sexto, aunque ya hay varias facultades que están incorporando las PT desde los primeros cursos de grado. Y también, aunque en menor número, hay médicos y médicas de familia docentes de grado con presencia transversal en otras asignaturas o disciplinas e incluso en otros grados1.

Desde hace más de 20 años, más de 70 universidades europeas cuentan con departamentos de Medicina Familiar. En España, dado el marco legal vigente, no hay departamentos de MFyC, aunque paulatinamente van configurándose unidades docentes universitarias de MFyC en los departamentos universitarios. Sin embargo, en 2023 solo existían en cuatro facultades1. Se ha observado una evaluación positiva en cuanto al profesorado vinculado y asociado. En 2015 solo había cuatro MF titulares de universidad, y actualmente hay cinco catedráticos y una catedrática con plaza, tres especialistas en MFyC acreditados como catedráticos por la Agencia de Calidad, pendiente de convocatoria de plaza y dieciséis profesores titulares. Asimismo, se ha producido un gran aumento de profesores permanentes laborales (anteriormente denominados contratados doctores) y de profesores asociados contratados.

Por lo tanto, se observa una progresión de la MFyC en la universidad, tanto en asignaturas y contenidos, como en profesorado, pero, con una gran heterogeneidad en cuanto a denomi­nación, contenidos, metodologías, carga docente y estructura. La mayor fortaleza detectada es la implementación de metodologías docentes y evaluativas innovadoras.

Los sesgos de visibilidad de la MFyC y de la Atención Primaria (AP) explican las dificultades de incorporación a la universidad: los sesgos financiero, asistencial, político, en investigación, mediático, social2 y entre ellos el sesgo hospitalocentrista docente de grado. Si la formación del alumnado en el grado pivota fundamentalmente en la perspectiva de los especialistas focales subespecializados y superespecializados de hospital, es fácil que el alumnado no llegue a dimensionar la importancia real que tienen la MFyC y la AP en la salud de la población y, por ende, difícilmente las considerará como una opción válida para su futuro profesional. Pero lo cierto es que ha mejorado cualitativa y cuantitativamente la elección de la MFyC como especialidad, aunque persiste un sesgo importante de presentación de los datos3,4.

Múltiples autores, desde hace muchos años, han identificado los factores que condicionan la elección de una especialidad. Concretamente, estos se vinculan, por una parte, a las características propias del perfil de las alumnas y los alumnos (antecedentes familiares, antecedentes personales —sexo, edad, estado civil, origen, personalidad, valores, expectativas, experiencias…—), a las características vinculadas con la facultad y los planes de estudios (existencia de departamentos, profesorado, asignaturas, prácticas…) y a las percepciones del alumnado de las características de la especialidad (el estilo de vida controlable o no controlable, ingresos, el valor social, el prestigio académico y la percepción determinada por conocimiento durante las prácticas).

Es evidente que la simbiosis entre MFyC y universidad beneficia extraordinariamente a ambas partes1. La universidad aporta a la MFyC prestigio académico, visibilidad, elección vocacional, reconocimiento de una realidad docente y académica, ampliación del ámbito docente al grado e investigación. La MFyC aporta a la universidad una respuesta a las necesidades sanitarias y sociales, entrada a la sociedad, número importante de docentes bien cualificados, innovación en metodologías docentes y evaluativas, corrección de sesgos y el generalismo, que no deja de ser una buena respuesta a la función central que han de tener las facultades de Medicina.

Ante esta situación, la AMFE emitió doce recomendaciones: cuatro sobre contenido, cuatro sobre estructura y cuatro sobre metodología y profesorado1. Asimismo, recomienda que se incorpore una asignatura obligatoria «específica» de MFyC con al menos seis créditos ECTS en todas las facultades de Medicina públicas y privadas, y con un horizonte de doce ECTS, ya conseguido por algunas facultades de Medicina. Recomienda PT con créditos ECTS en todos los cursos del grado, tres ECTS/curso de primero a quinto y doce créditos ECTS en sexto. La incorporación de la MFyC como área de competencias transversales en asignaturas preclínicas, patología general, asignaturas clínicas, propedéutica médica, anamnesis, exploración física, comunicación, ética, relación médico-paciente, cuidados paliativos… En este sentido, la AMFE ya ha publicado su propuesta de asignatura de doce créditos ECTS1 y en breve publicará su propuesta de transversalidad y de prácticas tuteladas con el objetivo de profundizar en la disciplina y avanzar en la homogeneidad.

También debería unificarse la nomenclatura, adoptando el nombre de MFyC para la asignatura y las PT. Además, es imprescindible contar con una estructura y mientras el marco legal no permita contar con departamentos de MFyC, deberían crearse unidades docentes universitarias de MFyC en todas las facultades de Medicina, y el departamento en el que se incluya deberá incorporar el nombre de Medicina de Familia/MFyC.

Es especialmente importante que todos los centros de salud que formen alumnos pasen a ser y a denominarse «centros de salud universitarios» mediante convenio con los servicios de salud5.

Todos los profesores que participen en las prácticas, si son colaboradores, deben contar al menos con reconocimiento curricular y propiciarse su vinculación como profesores asociados. Es importante reconocer, apoyar y extender las metodologías formativas y evaluativas novedosas y que, en la evaluación clínica objetiva estructurada (ECOE) de fin de PT, la MFyC tenga un papel nuclear y contar con al menos seis créditos ECTS propios.

Por último, es muy importante apoyar el desarrollo del profesorado vinculado clínico acreditado por parte de las agencias de calidad del sistema universitario (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación [ANECA] y agencias autonómicas).

Indudablemente, la presencia de la MFyC en la universidad es un reto de primer orden para la inversión en salud, para nuestro prestigio académico y social y, sobre todo, para la formación de los futuros médicos y médicas en España. Y es importante asociarnos con la universidad para ser docentes de prácticas, vincularnos con la universidad para ser profesores permanentes laborales, titulares y catedráticos. Para ello, es fundamental obtener el título de doctor (tesis doctoral) y desarrollar un proyecto asistencial, de gestión, docente e investigador.

¡Ánimo! Nos va en ello parte de nuestro futuro.

Bibliografía

  1. Junta Rectora de AMFE semFYC. Web AMFE semFYC. Barcelona. semFYC. 2022. Acceso el 19 de abril de 2025. Disponible en: https://www.semfyc.es/semfyc/universidad-amfe[1].
  2. Casado Vicente V. El sesgo de visibilidad de la Atención Primaria. Revista Española de Comunicación en Salud. 2025(Supl 1);29-39. Disponible en: https://e-revistas.uc3m.es/index.php/RECS/issue/current.
  3. Cánovas Zaldúa Y, Martín Álvarez R, Mas Tena A, Lema Bartolomé J, Coma E, Nadal Braqué N. Análisis de la elección de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria entre los candidatos MIR en el período 2020 a 2024: Índice de preferencia competitiva. Aten Primaria. 2025:57(6):103-50. https://doi.org/10.1016/j.aprim.2024.103150.
  4. Vázquez-Díaz JR. Medicina familiar y comunitaria: La especialidad más elegida en el MIR. Aten Primaria. 2024;56(5):102935. https://doi.org/10.1016/j.aprim.2024.102935.
  5. Casado Vicente V. y Junta Rectora de la Academia de Medicina de Familia de España (AMFE). Centros de salud universitarios: más que un apellido. Rev Clín Med Fam. 2024;17(4):216-8. Disponible en: https://doi.org/10.55783/rcmf.170402.

AMF 2025;21(6);320-321; ISSN (Papel): 1699-9029 I ISSN (Internet): 1885-2521

Cómo citar este artículo...

Casado Vicente V. La Medicina de Familia y la Universidad. AMF. 2025;21(6):320-321. DOI: 10.55783/AMF.210601

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