Puntos clave
- La anamnesis y la exploración física continúan siendo claves en la consulta, especialmente en Atención Primaria.
- El sesgo de género puede comportar la aparición de errores potencialmente graves.
- Habitualmente los errores, como las enfermedades, suelen ser multifactoriales.
- El género es un determinante social de la salud y constituye un eje de desigualdad que puede condicionar la práctica clínica.
- La incorporación de la perspectiva de género en la consulta requiere de espacios formativos y de reflexión entre compañeros/as.
Júlia tiene 28 años de edad, son las 7:30 de la mañana y es hora de levantarse. Ayer fue un día difícil en el trabajo. Pone los pies en el suelo y nota una leve presión en el pecho, parecida a la que ha sentido las últimas semanas: no le presta mucha atención. Al poco repara en que la presión ha empeorado, puede que le cueste un poco respirar. Júlia decide salir de casa con esta sensación nueva que la acompaña, transcurren las horas, ya empieza a poder etiquetar como dolor lo que antes era presión, y cuando habla se da cuenta de que las palabras se entrecortan. «Tengo que ir al médico». Acude al CUAP que queda cerca de la empresa. La atiende un enfermero y le cuenta lo que le está pasando: el dolor en el pecho —centro torácico opresivo, continuo—, la sensación de ahogo que empeora con el ejercicio. Él le pregunta si hay algo que la angustie últimamente. «Pues sí, lo hay». Ella le cuenta por encima la situación complicada que tiene en el trabajo, «pero lo del pecho no es angustia», dice, ella lo sabe. Es una sensación diferente. El enfermero se lo comenta a la médica. Chica, 28 años, problemas en el trabajo, sensación de ahogo, molestia en el pecho. Hoy no van bien de tiempo, es verano y son pocas trabajando. Se orienta como un cuadro de ansiedad, se recomienda alprazolam 0,5 mg de rescate y control con su médico de cabecera. La pastilla la relaja, pero sigue encontrándose mal. Los días pasan, pero a Júlia le da vergüenza reconsultar. Unos días después, ante la persistencia del malestar, que no ha mejorado ni empeorado, su madre le sugiere pedir una cita en su centro de salud de referencia. Júlia está preocupada, tiene miedo a que no la tomen en serio o a ser considerada pesada o exagerada, no tiene ganas de molestar. Ella nos cuenta sus síntomas y su evolución y la exploramos: dolor en el hemitórax izquierdo que empeora con la respiración profunda de poco más de 10 días de evolución, disnea durante el ejercicio leve-moderado, sin tos ni fiebre; las constantes vitales son normales, el dolor torácico no se reproduce a la palpación y en la auscultación pulmonar destaca una hipofonesis en la base del pulmón izquierdo. El electrocardiograma no presenta alteraciones. La mandamos al hospital con la sospecha diagnóstica de un neumotórax, que la radiografía confirma (figura 1). En urgencias proceden a evacuar el neumotórax sin incidencias, y tras unos días de ingreso, es dada de alta a su domicilio.
¿Por qué ha sucedido esto?
Ante este caso de retraso diagnóstico de neumotórax en una mujer joven, inicialmente diagnosticada de ansiedad, observamos varios factores que podrían haber participado en este desenlace:
- La sobrecarga de trabajo cronificada de la Atención Primaria y probablemente agravada en verano por el déficit de personal, lo cual obliga en muchas ocasiones a tener que resolver consultas en muy poco tiempo y quizás con menos rigor del que sería preciso.
- El burnout o agotamiento de los profesionales en el contexto anterior que acaba repercutiendo en los pacientes (menor calidad y eficiencia, mayor riesgo de yatrogenia, mayor medicalización, mayor número de pruebas complementarias, etc.).
- El valor de la inmediatez por encima de la accesibilidad y la longitudinalidad favorecido por el crecimiento de la organización a modo de atención continuada con el pretexto de evitar esperas o demoras.
- La pérdida de valor de la anamnesis y la exploración física en detrimento de la tecnología (estudios complementarios, tratamientos sofisticados, súper-especialización).
- Así como también, en este caso, el impacto de un posible sesgo de género al cual nos gustaría prestar especial atención.
El estereotipo social, en este caso mujer, joven, inexperta, sensible, quejosa, validado por el prejuicio sanitario, podría conducir a un sesgo de género (figura 2) que, a su vez, conlleva una discriminación sanitaria (error diagnóstico y terapéutico) que al mismo tiempo fomentan una determinada conducta de la persona estigmatizada (evitación)1, 2. La misma paciente, a pesar de la persistencia de los síntomas, se mostraba reticente a reconsultar.
Enseñanzas del caso
En el caso que nos ocupa, el sesgo (o quizás el prejuicio) de género contribuye a explicar parte del error. Identificar nuestros prejuicios, aceptarlos y combatirlos es un proceso complejo que precisa de una profunda reflexión; tal y como dice Clara Benedicto en esta revista: ver, oír y sentir para hacer3. No hacerlo afecta a la calidad de la atención, empeora el trato, la comunicación y la relación profesional-paciente. Y, además, puede comportar la aparición de errores y sesgos con consecuencias que pueden ser graves.
También cabe recalcar la importancia de dedicar tiempo en las sesiones de equipo a la formación en temas tan relevantes como la perspectiva de género. En ningún caso planteamos nuestra práctica sin una actualización cíclica basada en la última evidencia científica: protocolos, guías de práctica clínica, algoritmos, ensayos clínicos, etc. Sin embargo, existen otros campos de conocimiento tanto o más relevantes que no tienen nada de accesorio y que forman parte del cuerpo de conocimiento del médico de cabecera y que, por lo tanto, deberían, a nuestro entender, formar parte de la formación continuada en los Centros de Atención Primaria: perspectiva de género, atención comunitaria, atención centrada en la persona, comunicación, bioética, etc.



Eva Josefa 23-01-25
Enhorabuena. Un artículo para aprender en la complejidad del día a día .
Ion Koldobika 24-12-24
Felicidades por el artículo. Tan interesante como, desgraciadamente, común. Hay otro factor que me gustariá destacar como elemento que favorece los retrasos diagnósticos, a veces, graves. Los cuestionarios PLA (Procesos Leves Autolimitados). Es relativamente frecuente ver pacientes dados de alta directamente desde puntos de triaje AP u hospitalarios que terminan volviendo sépticos.